El magnate que lo tiene todo… ahora también tiene 111 km de vías
Parece que el universo, en su infinita sabiduría, ha decidido que lo único que le faltaba a la vastísima colección de Carlos Slim era un trenecito nuevo. Así es, el consorcio del hombre que probablemente tiene un billete de cien pesos con su propia cara (especulamos, pero no nos sorprendería) se ha adjudicado la jugosa tarea de construir un tramo de 111 kilómetros del tren de pasajeros que conectará Saltillo, Coahuila, con Santa Catarina, Nuevo León. Porque claramente, lo que la región necesitaba era otra forma de que el hombre más rico de México se hiciera un poco más rico.
Las empresas Operadora CICSA y FCC Construcción, parte del imperio de Slim, ganaron la obra con una oferta de 31 mil 843 millones de pesos. Una cifra tan astronómica que hace que comprarse un café en el Starbucks suene a trueque de semillas. Lo más curioso del asunto es que, desde el momento en que se presentaron las cotizaciones a la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario (ARTF), eran las claras favoritas. ¿Casualidad? ¿O es que acaso el simple hecho de que Slim esté detrás de una oferta ya la convierte en la ganadora automáticamente? Preguntas retóricas que seguramente nos hacemos todos.
La licitación de los absurdos: donde lo barato sale caro… para los demás
En este fascinante concurso de “¿Quién quiere ser millonario?… más”, hubo una oferta que destacó por su, ejem, “atrevimiento”. El grupo de Construcciones Ferroviarias del Noroeste y Moven Construcciones tuvo la osadía de pedir sólo 18 mil 201 millones de pesos. ¡Qué ingenuos! ¿Acaso no sabían que en las grandes ligas de la obra pública mexicana lo importante no es ser el más barato, sino tener los amigos correctos? Fueron descalificados por inexperiencia, un motivo tan vago y subjetivo que bien podría aplicarse a un adolescente intentando hacer su primera tortilla. Claro, porque en este país, la experiencia se mide por el tamaño de la cartera, no del portfolio.
Los otros participantes tampoco se quedaron cortos en el festival de los números surrealistas. Azvindi, de la mexicana Grupo INDI y la española Azvi, junto con ICA (veteranos en la saga interminable del Tren Maya), pidieron más de 40 mil millones de pesos. Mientras, el consorcio CAABSA y OHL, que ya saben lo que es lidiar con el Tren Interurbano México-Toluca, plantearon una oferta de 34 mil 697 millones de pesos. Vamos, un verdadero bazar de precios donde el que más tiene, más ofrece… y a veces gana con la del medio.
Las obras tienen un periodo de ejecución de 32 meses, lo que en español coloquial se traduce como “un par de años, si no hay contratiempos… que siempre los hay”. Pero aquí viene lo mejor: CICSA tendrá que elaborar desde el proyecto ejecutivo. ¿Traducción? Están construyendo el avión mientras despega. Y por si esto no fuera lo suficientemente divertido, durante la licitación, la ARTF se negó amablemente a aclarar múltiples dudas sobre cómo la nueva vía de pasajeros va a convivir con la vía de carga que ya existe y opera. ¿Es como preguntar cómo meterás un elefante más en tu departamento de 40 m²? ¡No seas aguafiestas! Ese es un detalle técnico que se resuelve sobre la marcha, seguramente con mucha fe y un par de martillazos.
En resumen, estamos ante otra monumental obra que promete revolucionar el transporte… o convertirse en la próxima novela de sobremesa llena de sobrecostos, retrasos y explicaciones creativas. Pero hey, al menos tendremos un tren nuevo. O eso esperamos. Mientras tanto, nosotros, los meros mortales, seguiremos viajando en camiones que parecen latas de sardinas con ruedas, soñando con el día en que podamos subirnos al expreso de la ironía.
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