Porque Claramente No Había Suficiente Caos Carcelario en Nuestras Vidas
En un movimiento que nadie, absolutamente nadie, había pedido pero que alguien en una oficina con una alfombra carísima decidió que era estrictamente necesario, se ha dado luz verde a la actualización de “Prison Break”. Sí, habéis leído bien. Esa serie donde un hombre con un mapa del sistema de alcantarillado tatuado en el torso y un doctorado en ingeniería estructural se pasa varios años fugándose de prisiones de máxima seguridad… va a tener más episodios. ¿La razón? Probablemente la misma por la que resurgen los pantalones de campana: una mezcla de nostalgia y falta total de ideas originales.
La noticia, que ha sacudido los cimientos de la industria del mismo modo que un terremoto de magnitud 1.0, nos informa de que este proyecto lleva cocinándose dos años. Dos largos años en los que, supuestamente, alguien ha estado pensando muy seriamente cómo volver a meter a gente en la cárcel para que luego escape. El cerebro detrás de esta hazaña es Elgin James, cocreador de “Mayans MC”, quien no solo será el showrunner, sino que también ha escrito y dirigido el episodio piloto. Uno se pregunta si en la pitch meeting la conversación fue: “Oye, ¿y si hacemos ‘Mayans MC’… pero en prisión?”. Y alguien, en un arrebato de genialidad, soltó un “¡Toma mi dinero!”.
El Mismo Mundo, Caras Distintas (Pero el Mismo Drama)
Aquí llega lo mejor, el giro de guion que te deja sin aliento: la nueva “Prison Break” se ambientará en el mismo universo que la serie original. Porque, por supuesto, necesitamos un universo cinematográfico compartido para las fugas de prisión. ¿Veremos cameos? ¿Aparecerá el legendario Michael Scofield, ahora convertido en un consultor de seguridad carcelaria que, irónicamente, ayuda a los prisioneros a escapar? ¿O tal vez su hermano Lincoln Burrows, que ahora regenta un food truck de burritos fuera de una penitenciaría? Las posibilidades son tan infinitas como absurdas.
Pero no se emocionen, fans de Wentworth Miller y Dominic Purcell. Esta nueva entrega seguirá a un nuevo elenco de personajes interpretados por Emily Browning, Drake Rodger, Lukas Gage, Clayton Cardenas, JR Bourne y Georgie Flores. Uno solo puede imaginar los complejos y elaborados planes que idearán. ¿Un mapa de túneles tatuado en el cuero cabelludo? ¿Un plan maestro escondido en la dentadura postiza? ¿O tal vez, en un giro moderno, usarán una cadena de bloques de criptomonedas para sobornar a los guardias? El potencial para el ridículo sublime es monumental.
Es reconfortante saber que, en un mundo al borde del colapso climático y con crisis geopolíticas a porrillo, la industria del entretenimiento tiene sus prioridades clarísimas: revivir una serie que concluyó de manera más o menos definitiva no una, sino aparentemente varias veces. Porque si hay algo que la televisión nos ha enseñado, es que nadie se queda muerto o encarcelado para siempre, sobre todo si los índices de audiencia bajan y hay un cheque de por medio.
Así que prepárense para más barrotes, más tatuajes con mensajes ocultos, más guardias corruptos con un nivel de incompetencia que haría llorar a un cadete en su primer día, y más momentos en los que, contra todo pronóstico y sentido común, nuestros héroes se saldrán con la suya. Es el circo carcelario que merecemos, si no el que necesitamos en este preciso instante.
¿Estamos listos para otro escape? La respuesta, querido público, probablemente sea un “mmm…” dubitativo. Pero aquí está, servido en bandeja de acero inoxidable de prisión, listo para ser consumido. Porque en la televisión, como en las fugas, siempre hay una manera de volver, por muy innecesario que pueda parecer.
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