El fuego que cambió la costa
La madrugada del viernes no trajo olas, sino llamas. Un incendio voraz se ensañó con Punta Zicatela, uno de los íconos turísticos de Oaxaca, y dejó un paisaje de cenizas donde antes había vida. Al menos 15 restaurantes, 40 palapas y decenas de puestos de artesanías fueron consumidos. El viento, ese aliado eterno del surfista, se volvió enemigo y avivó el desastre.
Las imágenes en redes son desgarradoras. Llamas altísimas devorando estructuras de madera y palma, una nube de humo que tapaba las estrellas, y entre el caos, la voz desesperada de un hombre pidiendo ayuda. Los bomberos, Protección Civil y vecinos armaron una batalla épica contra el fuego que duró más de dos horas.
“El siniestro dejó pérdidas totales para muchos de los negocios”, señaló Román Valencia, presidente municipal de Santa María Colotepec.
Lo milagroso: no hay víctimas humanas que lamentar. Al menos una decena de familias fueron evacuadas a tiempo. Hoy, entre las estructuras ennegrecidas que aún se mantienen en pie, comienza la etapa más dura: levantar lo que el fuego se llevó.
¿Y ahora qué?
Mientras los afectados retiran escombros con las manos todavía temblorosas, el gobierno estatal asegura que la atención fue inmediata. Prometen apoyo a los comerciantes y un mensaje claro al mundo: “las actividades turísticas en Punta Zicatela y sus alrededores se trabaja de manera normal.”
Pero normalidad es lo último que se respira aquí. La pregunta que quema más que las llamas es simple: ¿cómo empezó todo esto? Las causas aún se investigan. Mientras tanto, una comunidad entera mira sus sueños reducidos a carbón y se prepara para el acto más difícil: volver a empezar.




