El mercado laboral se toma un respiro (forzado)
Parece que la economía estadounidense anda en esa incómoda fase de ‘it’s not you, it’s me’ con los trabajadores. El número de personas que pidió el seguro por desempleo dio un modesto, pero significativo, saltito la semana pasada. Traducción: subió en 8.000 solicitudes, alcanzando las 237.000. Sí, es más de lo que los economistas, con sus modelos predictivos y su café cargado, esperaban (que eran 231.000). Básicamente, la situación es tan rara que hasta los expertos se rascan la cabeza.
Este dato, que es como el termómetro de los despidos, se ha mantenido en un rango que los analistas consideran ‘saludable’ –entre 200.000 y 250.000– desde que el mundo empezó a salir del agujero pandémico hace casi cuatro años. O sea, no es el apocalipsis, pero tampoco es exactamente la fiesta de contrataciones que todos esperaban.
La estrategia corporativa del ‘meh’
Lo que está pasando es la materialización de la dinámica corporativa más millennial que existe: ‘no contratar, no despedir’. Las empresas están en modo ‘meh’. No despiden a lo loco, pero tampoco se lanzan a contratar como si no hubiera un mañana. El resultado es una tasa de desempleo que, aunque históricamente baja (4.2%), esconde una realidad más compleja. La contratación se ha enfriado más que el café de la mañana que te olvidaste sobre el escritorio.
Para empeorar las cosas, el informe de empleos de julio fue tan decepcionante que hizo tambalear los mercados financieros. Imagínense: sólo se agregaron 73.000 empleos, y para colmo, las cifras de junio y mayo fueron revisadas a la baja. Fue el equivalente económico a que te cancelen una cita por texto a las 3 de la mañana. Y como en toda buena trama dramática, el presidente Donald Trump despidió al jefe de la agencia que compila estos datos. Porque, ¿qué mejor manera de lidiar con malas noticias que despedir al mensajero?
El miércoles, el gobierno soltó otro bombazo: los empleadores anunciaron 7.2 millones de ofertas de trabajo a finales de julio, menos de lo previsto. Es como si las empresas hubieran puesto su perfil de LinkedIn en ‘modo invisible’. Todos miran ahora al informe de empleos de agosto, que se publicará este viernes, con la expectativa de que sólo se hayan agregado 80.000 empleos no agrícolas. Spoiler alert: nadie espera un final feliz al estilo Hollywood.
El crecimiento económico se desinfla
El crecimiento económico se ha debilitado este año, desacelerándose a una tasa anual de sólo 1.3% en la primera mitad del año, muy por debajo del 2.5% de 2024. ¿La razón? Muchas empresas han puesto en pausa sus proyectos de expansión. La incertidumbre generada por las políticas arancelarias de la administración Trump tiene a todos más nerviosos que un influencer en el Día Sin Filtros. Las ganancias de empleo han promediado una cifra risible de 35.000 al mes en el trimestre terminado en julio. Es apenas una cuarta parte de lo que eran hace un año. Básicamente, el mercado laboral pasó de hacer sprint a arrastrarse.
Esta lentitud es la razón clave por la que el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, básicamente soltó la bomba la semana pasada de que el banco central podría recortar su tasa de interés clave en la reunión del 16 al 17 de septiembre. Un recorte de tasas es como el equivalente financiero a un ‘happy hour’: podría reducir los costos de endeudamiento para hipotecas, préstamos para automóviles y préstamos comerciales. O sea, un intento de ponerle un poco de azúcar a un café muy amargo.
En resumen, el mercado laboral estadounidense está en un momento extraño. No está en crisis, pero definitivamente no está vibrando. Es esa incómoda zona gris donde todos se preguntan: ¿y ahora qué? Mientras tanto, Wall Street y la Fed observan cada movimiento como si estuvieran viendo un drama en Netflix, esperando el próximo giro argumental.
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