Bienvenidos a la ‘Cuesta de Enero’ en modo hardcore
Parece que el 2026 nos viene con todo, y no precisamente con regalos. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), en un comunicado que suena más a alerta de apocalipsis zombi que a análisis económico, nos ha soltado la bomba: los precios de lo básico, de eso que necesitas para sobrevivir al día, están por las nubes. Y el culpable no es uno, es un combo del destino: problemas en el campo, ajustes fiscales (léase: más impuestos) y un desfile de factores internacionales que ni en la más retorcida telenovela.
Cuauhtémoc Rivera, el presidente de la Anpec, básicamente nos dijo: “Abróchense los cinturones, que el viaje apenas comienza”. Resulta que desde diciembre, productos de nuestro día a día como la tortilla, el chocolate (adiós, terapia antidepresiva) y el pan han estado subiendo de precio silenciosamente, como un ninja en la noche. Y por si fuera poco, en enero nos espera la temida actualización del IEPS para las bebidas azucaradas. Prepárense para que su refresco o jugo favorito cueste lo mismo que un activo en la bolsa de valores.
El ranking de lo que más duele en la cartera
En el podio de los productos que más nos están haciendo sufrir, la tortilla se lleva la medalla de oro, plata y bronce. Ya no es ese alimento humilde y accesible. Ahora, en estados como Baja California Sur, Sonora, Colima, Guerrero y Veracruz, supera los 30 pesos por kilo. Sí, leíste bien. Treinta pesos. Lo que antes era el complemento de toda comida, ahora es una inversión. Y Rivera nos advierte que esto podría ser solo el inicio, porque los insumos y los costos de producción siguen su imparable ascenso hacia el Olimpo de lo inalcanzable.
Pero el drama no para ahí. El café de la mañana, ese que nos devuelve la fe en la humanidad, también tiene aumentos estacionales. Y para el postre, la inestabilidad en los precios del azúcar y el cacao está dando en la torre a la industria de la confitería y la panificación. En resumen: desayunar, comer y cenar se está convirtiendo en un lujo.
Un país inflado y con pocas ganas de fiesta
La Anpec, con toda la delicadeza de una bofetada con guante blanco, ha calificado esta situación como una “nueva escalada de precios”. Una combinación explosiva entre la clásica cuesta de enero y el incremento de impuestos a las bebidas saborizadas. Por si no lo habías notado, la inflación anual ya llegó al 3.61% en la primera mitad de noviembre. Y ojo, que esto no es solo un tema de números aburridos. Problemas muy reales como la inseguridad en las carreteras y la extorsión están inflando los costos logísticos. Básicamente, pagamos más por todo, en parte, por la cuota de la delincuencia. Qué bonito, ¿no?
Y el panorama para 2026 pinta para enmarcarlo y colgarlo en la galería de los horrores. Desaceleración económica, fuga de capitales y un desánimo generalizado de los inversionistas extranjeros que ven a México y se asustan. La percepción internacional nos asocia con la violencia, la falta de certeza jurídica y una debilidad energética que asusta a cualquiera. Vamos, que no somos exactamente el destino más atractivo para poner un negocio.
Para rematar este festín de malas noticias, la organización advierte que todo este cóctel explosivo podría complicar la próxima renegociación del T-MEC. Temas espinosos como energía, seguridad y migración estarán sobre la mesa, y no estamos llegando con la mejor de las barajas. Por eso, el llamado al gobierno federal es claro: corrijan el rumbo antes de que esto se convierta en un episodio de ‘Black Mirror’ del que no podamos salir. Porque al final del día, los que terminamos pagando los platos rotos somos nosotros, los consumidores, viendo cómo nuestro poder adquisitivo se esfuma más rápido que los stories de Instagram.
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