El T-MEC al rescate de un país que se ahoga en su propia ideología
Parece que México, en su afán por ser único y original, se sacó de la manga la jugada más *random* del planeta: prohibir los vapeadores desde la Constitución. Sí, leyeron bien. No fue suficiente con una ley secundaria, no, había que meterlo en la Carta Magna, entre los derechos humanos y la forma de gobierno. Un nivel de drama que hasta las telenovelas de las abuelas envidiarían.
Y mientras el gobierno mexicano se da palmaditas en la espalda por esta “hazaña”, la organización México y el Mundo Vapeando señala con el dedo flamígero de la lógica hacia la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Según ellos, este proceso es la oportunidad de oro para mandar al baile de los fracasados esta medida inédita y, seamos honestos, bastante absurda. La idea es simple: homologar el marco regulatorio del vapeo con el de sus socios comerciales del norte, donde estos dispositivos no son tratados como si fueran material nuclear.
Cuando la prohibición es el mejor aliado del narco
Juan José Cirión Lee, el presidente de la organización, lo dijo con la claridad de un meme virulento: la prohibición no hizo más que entregarle en bandeja de plata al crimen organizado el jugoso negocio de la importación, distribución y venta de vaporizadores. O sea, el gobierno básicamente creó un monopolio para los cárteles. La ironía es tan densa que se podría cortar con cuchillo. Resulta que del lado mexicano tenemos a las autoridades incentivando un mercado negro de la nada, mientras del lado estadounidense, el presidente Donald Trump promete combatir a esas mismas organizaciones. Alguien, por favor, que les pase el memo.
“Estoy de acuerdo con eso”, comentó Cirión Lee, con un tono que seguramente escondía ganas de gritar “¡DUH!”. “Si se quiere buscar una protección en las fronteras, no podemos tener un ‘mercado negro’ en México de artículos que están permitidos en nuestras tres fronteras”. Y remató con lo obvio: el vapeo es legal en Estados Unidos, Belice y Guatemala. Prohibirlo aquí sin ningún fundamento científico serio es como poner un letrero gigante que diga: “Señores del contrabando, aquí hay negocio”.
Para darle más sabor al drama, Cirión Lee soltó otro dato que duele: México es el único país del mundo con esta prohibición a nivel constitucional. Mientras tanto, en lugares como Francia y el Reino Unido, los dispositivos de vapeo son parte de las políticas de salud pública para reducir el daño del tabaquismo. ¿La razón? Está científicamente demostrado que son alrededor de un 95% menos dañinos que los cigarros tradicionales. Pero, ¿para qué hacer caso a la ciencia cuando podemos legislar con puro *feeling* ideológico?
“Desafortunadamente en México no existe ningún criterio para utilizar la reducción de daños como herramienta”, se quejó. “Es un país que todo lo hace de manera ideológica y pues al final del camino quienes llevan la peor parte son todos aquellos que no tienen opciones… mientras el gobierno busca premios y becas, los fumadores están totalmente abandonados”. Un abandono estilo *ghosting*, pero a nivel nacional.
El gobierno acelerando el tren del fracaso
Para rematar la jugada, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, con la bendición del coordinador de Morena, Ricardo Monreal, planea aprobar a la velocidad de un TikTok trend la reforma a la Ley de Salud para prohibir hasta el aire que respiran los vapeadores (bueno, casi). Monreal, en su conferencia de prensa, anunció con orgullo que el dictamen se aprobaría en dos sesiones, porque cuando se trata de ignorar la evidencia, la eficiencia legislativa es envidiable.
El dictamen, justificándose en un “riesgo sanitario emergente”, argumenta que aunque los vaporizadores liberen menos alquitrán, sus aerosoles contienen una mezcla compleja de sustancias, incluyendo metales pesados. Un argumento que, sin contexto, suena aterrador, pero que omite mencionar la comparación con los niveles muchísimo más altos y dañinos de los cigarros convencionales que siguen vendiéndose libremente. Es como preocuparse por una gota de lluvia mientras ignores el tsunami.
En resumen, tenemos un cóctel perfecto: una prohibición constitucional sin pies ni cabeza, un mercado negro que hace fiesta, un crimen organizado agradecido y una población fumadora a la que se le niegan alternativas menos dañinas. Todo esto, mientras nuestros socios comerciales miran incrédulos el *show*.
¿La solución? Quizás la presión internacional y la lógica económica del T-MEC logren lo que el sentido común no pudo. Mientras tanto, el mercado ilegal sigue facturando.
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