La influencer que bajó del altar para contar una historia muy terrenal
Nicole Pardo Molina, “La Nicholette”, volvió. Pero no para mostrar un nuevo outfit o un viaje exótico. La influencer reapareció con una grabación que es más propia de una declaración ante el ministerio público que de un reel de Instagram.
Su mensaje fue claro y cortante: su detención el 20 de enero en Culiacán no fue casualidad. Según sus propias palabras, estaba metida hasta el cuello.
“Yo no estoy aquí por santa ni por casualidad. Yo estoy aquí porque trabajo con la empresa de Mayitos Flacos Mayosetas”
Así, sin anestesia, vinculó su situación al grupo conocido como “Los Mayos”, históricamente rivales de “Los Chapos” en Sinaloa. Pero no se quedó en generalidades. Dio detalles operativos que hielan la sangre.
Dijo que su trabajo incluía entregar dinero a corporaciones policiales y participar en el traslado de armas y recursos económicos. > “Ustedes saben muy bien que yo siempre les ayudé a mover tiros, armas y dinero”
Lo más escalofriante: aseguró haber sido confrontada con una lista de mujeres víctimas de varios actos violentos. Un detalle macabro que transforma esta historia de influencer en algo mucho más oscuro.
De la iglesia al altar mediático
Después vino el segundo acto. Otro video, esta vez desde una iglesia en El Salado. Allí, subió al altar literal y metafóricamente.
Agradación las oraciones y veladoras prendidas por ella durante su cautiverio. > “Gracias por nunca perder la fe”
Pero entre el agradecimiento religioso y la confesión criminal hay un abismo. ¿Fe en qué? ¿En la justicia divina después de admitir colaboración con estructuras criminales?
Lo más revelador: dijo haber sido engañada por sus contactos, quienes le aseguraron que Culiacán estaba bajo control mayo y que Los Chapos ya no existían allí. Una ingenuidad peligrosa o una coartada conveniente.
“Lo que ustedes me contaron no tiene nada de verdad… lo que hicieron con sus guerra y sus mentiras”
Aquí está el meollo: una influencer convertida en mensajera, luego en detenida, ahora en denunciante desde un altar. Su historia expone cómo las redes sociales pueden ser fachada para operaciones mucho más sórdidas.
Y nos deja preguntas incómodas: ¿cuántas otras cuentas con miles de seguidores ocultan realidades similares? ¿Dónde termina el personaje público y comienza la complicidad criminal?
Por ahora, La Nicholette cambió los likes por declaraciones judiciales. Y su regreso a redes no fue para promocionar un producto, sino para confesar su papel en una guerra ajena.




