El guion que nadie se esperaba
El secretario de Defensa, Ricardo Trevilla, nos cuenta una historia esta semana. Dice que el plan nunca fue eliminar a Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’. La misión era capturarlo con vida. Pero el guion se torció dramáticamente.
Durante el enfrentamiento en Tapalpa, Jalisco, tres militares y ocho presuntos integrantes del CJNG perdieron la vida. El capo y dos escoltas murieron después, durante su traslado en helicóptero.
“El narcotraficante abrió fuego cuando fue rodeado, lo que obligó al personal del Ejército a responder en apego a la ley”, explicó Trevilla.
Un costo demasiado alto
Este operativo, considerado de los más importantes del sexenio, desató una ola de violencia nacional. Las cifras oficiales son escalofriantes: 25 elementos de la Guardia Nacional, un fiscal, un custodio y una mujer embarazada también murieron.
Desde Palacio Nacional, tanto Trevilla como la presidenta Claudia Sheinbaum defendieron la opacidad del operativo. Los detalles públicos son escasos, como si estuviéramos viendo una película con escenas cruciales cortadas.
El Ejército localizó al líder criminal siguiendo a una de sus parejas hasta el Tapalpa Country Club. Mientras ella era evacuada, ‘El Mencho’ se refugió en las cabañas La Loma.
Allí tenía una docena de escoltas, armas largas, granadas y hasta lanzacohetes. El escenario perfecto para una confrontación épica… o una trampa mortal.
Los vecinos relataron escenas dantescas. Disparos y explosiones que retumbaban en toda la zona. “Sonaban como bombas”, describieron testigos. Dos equipos de fuerzas especiales persiguieron al capo por el bosque con apoyo de seis helicópteros.
En un momento clave, ‘El Mencho’ disparó a una aeronave, forzando un aterrizaje de emergencia en Sayula. La confrontación duró horas, como si el bosque mismo estuviera en llamas.
Y aquí está la pregunta que me quema: ¿por qué el narcotraficante más buscado del mundo solo contaba con una docena de escoltas esa noche? Algo no cuadra en este guion oficial.
La muerte de ‘El Mencho’ cierra un capítulo, sí. Pero abre demasiados interrogantes sobre cómo escribimos estas historias de violencia que siempre terminan pagando los mismos.




