Holyfield suelta la bomba: El boxeo ya no es lo que era
Evander Holyfield, el mismísimo excampión indiscutido en dos categorías de peso, acaba de sacar los guantes verbales para darle una paliza dialéctica al estado actual del boxeo. Básicamente, su diagnóstico es que el deporte de los puños tiene más de telenovela corporativa que de épica deportiva. Con una nostalgia que casi se puede palpar, el tipo que se comió un mordisco de Mike Tyson recordó los viejos tiempos en el ring, esos donde la gloria valía más que los ceros en el contrato.
Su reflexión es un balde de agua fría para los puristas: el espectáculo se ha diluido porque los combates que todo el mundo sueña ver se esfuman en un mar de negociaciones interminables y egos inflados. Según el ‘Real Deal’, ahora prima la cartera sobre el respeto que se gana a golpes bajo los focos. Un drama, pero sin final feliz a la vista.
La cruda realidad según ‘The Real Deal’
“El boxeo actual vive un momento diferente”, soltó Holyfield con la tranquilidad de quien ya lo ha ganado todo. “Observo que no se atreven a enfrentarse a los mejores. En mi época los campeones siempre peleábamos contra los mejores rivales. Dábamos todo, éramos pugilistas más arrojados. Yo nunca le tuve miedo a nadie. La diferencia con hoy es que dábamos lo mejor de nosotros”, comentó durante su gira por México. O sea, en la era de Holyfield, los combates se pactaban con la misma facilidad con la que hojeas un feed de Instagram, no con la burocracia de sacar una visa.
Pero no todo es crítica mordaz en el universo de Holyfield. Entre tanta queja, encontró un rayo de esperanza con nombre y apellido: Oleksandr Usyk. El campeón ucraniano, que logró replicar la hazaña de Holyfield de ser rey indiscutido en dos divisiones, se ganó sus respetos. Holyfield reveló que, en sus viajes a Rusia, fue el propio Usyk quien se le acercó con la determinación de un fan que tiene un plan maestro y, spoiler alert, lo cumplió.
Al preguntarle por un hipotético duelo entre eras, Holyfield no se achicó. “Claro que, si me preguntan, yo diría que ganaría, porque nunca pienso que voy a perder. Pero él también pensaría lo mismo. Así es el boxeo”, sentenció. Una respuesta tan diplomática como honesta, típica de una leyenda que sabe que en el ring, como en la vida, la confianza es el 90% del éxito. Un guiño a la nueva escuela sin rendir sus propios méritos. Un empate técnico en la guerra generacional.
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