El Mundo Está Hecho de Cristal (Y Ya Tiene Grietas)
Parece que el manual de instrucciones del planeta venía con letra pequeña que nadie leyó: en esta aldea global, un pleito aparentemente minúsculo en cualquier rincón del mapa puede volverse el peor efecto mariposa de la historia. Eso básicamente nos lo soltó, con toda la calma escandinava del mundo, el embajador de Noruega en México, Dag Nylander. Imaginénselo: desde un conflicto local, pasando a una tensión regional y terminando en un enfrentamiento a escala planetaria. Básicamente, el guion de una temporada de ‘Black Mirror’ pero sin la opción de pausar.
En una ponencia en el foro universitario de la Primera Semana Nacional de Cultura de Paz de la UNAM (bajo el lema “Sembramos diálogo, cosechamos paz”, porque alguien tenía que hacerlo), Nylander puso sobre la mesa los ingredientes de este cóctel explosivo que es el siglo XXI: tráfico de drogas, migración incontrolable, enfermedades y, por supuesto, el infaltable tráfico de armas. La receta perfecta para el desastre, servida en la copa de la desarmonía mundial. Y ojo, porque el hombre no habla desde la teoría: como especialista en resolución de conflictos, fue clave en las negociaciones que llevaron al pacto de paz en Colombia. O sea, sabe de lo que habla, aunque a veces parezca que el mundo no quiere escuchar.
Multilateralismo: El Grupo de WhatsApp que Todos Ignoran
El embajador fue claro: el ataque de Rusia a Ucrania no es solo una tragedia europea, es una bofetada a todo el sistema de multilateralismo que tanto costó construir. Es como si de repente alguien decidiera jugar monopoli con sus propias reglas, quemando el tablero y tirando las cartas por la ventana. “Una afrenta a todo lo que hemos trabajado”, remarcó. En este contexto caótico, resaltó el liderazgo significativo de México junto con Noruega y otras naciones para intentar que la ONU y el sistema multilateral no solo sobrevivan, sino que se reformen y sean realmente útiles. Spoiler alert: la tarea es titánica.
La cruda realidad es que la paz mundial es frágil. Hay más conflictos, más muertos, más heridos y, por ende, más sufrimiento. Y el sistema internacional, ese que se supone nos debería salvar de nosotros mismos, está bajo una presión insoportable. El riesgo, advirtió Nylander, es que veamos guerras más graves con consecuencias que ni siquiera podemos imaginar. Así de light el panorama.
Pero hablemos de lo difícil que es arreglar las cosas. Lograr un acuerdo de paz es hard, pero implementarlo es el nivel legendario. No es solo firmar un papel bonito y repartirse abrazos. Se trata de transformar esas promesas plasmadas en papel en una realidad política tangible, lo cual suele chocar con intereses creados, egos gigantes y una desconfianza que podría derrumbar cualquier trato. El diplomático lo comparó con intentar armar un mueble de Ikea sin las instrucciones y con piezas de sobra: frustrante y con alta probabilidad de terminar mal.
La Paz Es un Asunto (Mayoritariamente) de Hombres… Por Ahora
Aquí viene un punto incómodo pero necesario: en las mesas de negociación, las mujeres brillan por su ausencia. Estos espacios suelen estar copados por hombres, un fiel reflejo de los altos niveles del gobierno y de las estructuras de poder (ejem, fuerzas armadas y guerrillas, ejem) en la mayoría de los países. Desde su rol de facilitador, Nylander contó que ellos intentan activamente escuchar e incluir las voces femeninas. Porque, seamos honestos, ¿quién tiene más experiencia en resolver pleitos que alguien que ha mediado entre hermanos por el control remoto?
Otra lección de Colombiagate: el trabajo de un negociador de paz debe ser imparcial, pero jamás neutral. Suena a trabalenguas, pero la diferencia es abismal. Imparcialidad significa ser un juez justo en el juego; neutralidad sería quedarse sentado viendo cómo se prenden fuego las cartas. Cuando en las pláticas surgió el espinoso tema de los secuestros, los mediadores noruegos alzaron una voz clara para tacharla de práctica inaceptable. Tomaron partido en lo ético, sin favorecer a un bando sobre el otro en lo político. Un equilibrio tan delicado como caminar sobre una cuerda floja.
La lección más valiosa de todo proceso de negociación exitoso es que la solución nunca puede venir impuesta desde afuera. Debe brotar desde el interior del país en conflicto. Los mediadores externos llegan con humildad, paciencia (el proceso en Colombia tomó más de cinco años, con “pequeños pasos y grandes retrasos”) y la certeza de que no son los héroes de la película. Son más bien los coaches que ayudan al equipo a encontrar su propio juego ganador.
Nylander cerró con un mensaje dirigido a los jóvenes y estudiantes: el futuro de la cultura de paz está en sus manos. Les tocó vivir en esta era de caos, pero también tienen las herramientas para cambiarla. La invitación es a no ser espectadores pasivos de los dramas globales en TikTok, sino a tomar su espacio, ser activos en la sociedad, en los partidos políticos, en las universidades y alzar la voz para construir una sociedad con participación real. En otras palabras, a pasar del scroll a la acción.
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