El momento incómodo que todos esperaban
Conan O’Brien no iba a dejar pasar la oportunidad. En su segunda vez como anfitrión de los Oscar, el comediante fue directo al grano. Y al grano, en este caso, era Timothée Chalamet y sus recientes (y bastante desafortunadas) declaraciones sobre ballet y ópera.
“Es genial estar de vuelta como anfitrión de los Oscar; el año pasado Los Ángeles estaban en llamas, este año, todo va increíble. La seguridad es extremadamente severa esta noche, esto debido a que ya nos comunicamos que hay grupos de ballet y de ópera esperando aquí afuera”,
soltó O’Brien con esa sonrisa pícara que todos conocemos.
La cámara hizo lo suyo. Encontró a Chalamet en su butaca, acompañado de Kylie Jenner. La reacción fue instantánea: una risa nerviosa, un rubor evidente, la mirada hacia abajo. El clásico ‘ay, me cacharon’ hecho carne (y Armani). Jenner, por su parte, mantuvo una expresión impenetrable. Poker face total.
El contexto de la bomba
Todo esto viene porque hace unos días, Chalamet soltó la perla de que el ballet y la ópera eran disciplinas que seguían vivas “porque así debía ser obligatoriamente”, añadiendo que en realidad “a nadie le importasen”. Palabras mayores. Y como era de esperar, el mundo del arte se le vino encima.
Lo curioso del timing: las declaraciones fueron el 24 de febrero. Las votaciones para los Oscar se cerraron el 5 de marzo. Más de un crítico ha especulado si ese comentario le pudo costar votos en la categoría de Mejor Actor, donde era uno de los favoritos por Marty Supreme.
Anoche no ganó. ¿Coincidencia? El universo del espectáculo es un lugar extraño donde un chiste puede ser más memorable que un discurso de agradecimiento. Y anoche, Conan se aseguró de que ese momento incómodo quedara grabado en la historia de los premios.




